El tejido de hamacas y chinchorros, enseres colgante de origen indígena destinados al sueño, al descanso, al amor y a la muerte, se ha extendido a todas las regiones del país, adoptando en cada lugar una expresión propia que los caracteriza y los diferencia. Aun cuando sus elementos básicos pueden ser los mismos, las técnicas se adecuan a la tradición, al clima y a las fibras producidas en cada región.

 

En Venezuela se hace distinción entre chinchorro y hamaca, según el tipo de punto utilizado. Mientras que en el primero el tejido se hace abierto y elástico, en la segunda se teje una trama tupida como una tela. Generalmente ambos se tejen con el método de tejido plano, en telares verticales a manera de bastidor, cuyas dimensiones y tipos de madera pueden variar. En la mayoría de los casos, tejer chinchorros y hamacas es para hombres y mujeres, indígenas o campesinos de todo el país, una de las más importantes fuentes de ingreso en su economía doméstica.

 

Las técnicas más usadas para el tejido de hamacas y chinchorros son la malla, la cadeneta o tripa y la caireles. En la isla de Margarita, estado Nueva Esparta, Anzoátegui y otras regiones del país se usan fibras de algodón hilado en casa o algodón industrial, llamado pabilo o guaralillo, generalmente de color crudo. En los Andes, Mérida y Táchira se teje la lana de oveja. En Monagas, especialmente en Aguasay, se teje la fina fibra de curagua, empleando a veces la técnica de caireles hechos en algodón sobre la misma curagua en un proceso que las tejedoras dominan “pintar el chinchorro”. En Falcón y Lara se tejen chinchorros con el hilo sacado de las dentadas hojas del cocuy, llamado hisopo o dispopo. La cenefa decorativa que tienen algunos chinchorros generalmente es tejida y anudada a mano.

 

Entre las comunidades indígenas de Venezuela las hamacas y los chinchorros siguen siendo parte indispensable del ajuar doméstico, lo cual no excluye su fabricación a la venta. Antiguamente, las hamacas eran utilizadas para transportar en hombros a los caciques, uso que les confería un carácter especial.

 

Además, eran un elemento importante en la celebración de ritos de iniciación de la pubertad y otras ceremonias. Durante la época colonial, y por su funcionalidad, estos tejidos también se usaron para el transporte de enfermos y heridos.

 

En oriente, principalmente en los poblados indios del Delta, se usa la fibra de moriche. En Amazonas, los Yanomami hacen rudimentarios chinchorros con un haz descortezado de bejuco mamure. En la península de la Guajira las tejedoras emplean principalmente algodón mercerizado, utilizando las técnicas del paleteado, trenzando entrecruzado, ganchillo, anudado y cordelería para confeccionar chinchorros de impecable acabado. Los colores que se le dan a las fibras se logran con el empleo de anilinas comerciales y tintas naturales obtenidas de plantas como el dividive, la bosuga, el cucharo.

 

Fuente: Atlas de Tradiciones de Venezuela. (2008). 3era Edición. Fundación Bigott – El Nacional